El insomnio es el trastorno del sueño más habitual, se caracteriza por la percepción subjetiva de sueño alterado, tanto en duración como en capacidad reparadora, que, además, produce una consecuencia durante la vigilia, influyendo negativamente en la calidad de vida. Afecta con mayor frecuencia a mujeres adultas, aunque cada vez es más frecuente en hombres y en población infantil. El insomnio se define como dificultad persistente para iniciar el sueño, dificultad persistente para mantener el sueño un número de horas suficientes y dificultad para continuar el sueño si se interrumpe. Suele acompañarse de una experiencia subjetiva de inquietud o ansiedad mientras la persona no se puede dormir y de cansancio durante el día con importante repercusión durante la vigilia.
Insomnio crónico o de larga duración: Se identifica cuando aparecen problemas en el inicio o mantenimiento del sueño al menos tres veces por semana y durante un mínimo de tres meses. Estas dificultades para conciliar o para mantener el sueño deben asociarse a síntomas durante el día como cansancio, problemas de concentración o irritabilidad. La gravedad del insomnio muchas veces viene definida subjetivamente por la persona que lo sufre pero, se ha consensuado establecer como normal tardar menos de 30 minutos en conciliar el sueño y en volverse a dormir después de despertarse, se denomina periodo de latencia. Esta patología suele estar relacionada con la presencia de un trastorno psiquiátrico, con el consumo de sustancias o con otra enfermedad médica.
Insomnio agudo o de corta duración: Se caracteriza por una duración inferior a tres meses, en el que también suele verse afectada la conciliación y el mantenimiento del sueño. Puede aparecer en respuesta a un precipitante o no, o como un síntoma más de un trastorno psiquiátrico o como efecto del consumo de alguna sustancia o droga. Los episodios de insomnio transitorio son más frecuentes en mujeres y en personas de edad avanzada.