Psiquiatría del niño y del adolescente
La mayoría de los padres nos preocupamos por el desarrollo de nuestros hijos. Interactuar con el mundo que les rodea influirá en su evolución futura. Comienzan a formarse las bases biológicas y neurológicas que le permiten relacionarse con el ambiente, como el movimiento, el lenguaje, la empatía y las primeras amistades.
Hay comportamientos pasajeros que se solucionan con el tiempo, como los problemas para dormir solos, algunos miedos, las rabietas o la tristeza que puedan experimentar en algunos momentos, son reacciones normales de su crecimiento personal. Pero hay otras situaciones que escapan al control y al conocimiento de los padres, y del propio niño, que no tiene los recursos y las herramientas neuropsicológicos necesarias para afrontar ciertas circunstancias. En esos casos, se necesita la ayuda de un Psiquiatra infantil especializado en infanto-juvenil y en adolescencia y juventud.
La Psiquiatría infanta juvenil es un campo muy amplio que engloba alteraciones del neurodesarrollo, como trastornos del estado de ánimo, de ansiedad, de alimentación, trastornos obsesivos, ansioso, fóbicos, anímicos, pero también de hiperactividad, atención o impulsividad, entre otros. A diferencia de un psicólogo, un psiquiatra infantil puede prescribir medicamentos que ayuden a aliviar los síntomas del niño.
Por otro lado, la psiquiatría infantil es una importante fuente de prevención de la psiquiatría de adultos. La psiquiatría infantil es el camino para evitar problemas más graves en el futuro. Por lo que, si no se tratan los síntomas cuando empiezan a surgir, es posible que, más tarde hayan empeorado y sea insostenible la situación.
Trastorno del neurodesarrollo
Los Trastornos del Neurodesarrollo comienzan a manifestarse durante la etapa de desarrollo infantil, a veces antes de que el niño acuda a la escuela primaria. Afectan negativamente en el desarrollo del niño, con consecuencias en el funcionamiento personal, social, ocupacional y académico. Pueden afectar a la función ejecutiva, las habilidades sociales, la conducta e incluso la inteligencia en algunos casos. Engloban: la discapacidad intelectual, el trastorno del espectro autista, los trastornos de la comunicación, los trastornos del lenguaje, los trastornos del aprendizaje y, por último, el TDAH. Suelen ser valorados por psiquiatras infantiles, psicólogos infantiles y neuropsicólogos. En muchos casos, los niños con trastornos del neurodesarrollo tienen más de un trastorno del neurodesarrollo.
TDAH
El Trastorno por déficit de atención con hiperactividad es un trastorno del neurodesarrollo que se inicia en la infancia y suele persistir en la adolescencia y en la edad adulta. Lo caracteriza la presencia de forma persistente de un patrón de hiperactividad, impulsividad y falta de atención, que afecta negativamente al desarrollo y al funcionamiento. Existen tres subtipos de TDAH TDAH inatento, TDAH hiperactivo y TDAH combinado.
El TDAH es el trastorno neuropsiquiátrico más frecuente en la infancia, especialmente en el género masculino, la proporción de niños frente a niñas es de 2 a 1. Sin embargo, la realidad es que se diagnostican entre 3 y 6 niños por cada niña. Esta diferencia se suele deber a que los síntomas en las niñas pasan más desapercibidos, no suelen tener los problemas de conducta asociados que sí tienen los niños y que, habitualmente, llaman la atención en los colegios. En las niñas predomina la falta de atención sobre la hiperactividad y la impulsividad, siendo estos dos últimos síntomas los que más se relacionan con los problemas de conducta desafiante.
El TDAH repercute en la vida familiar, en la vida académica y laboral, a nivel social y personal, económicamente e incluso psicológicamente. Los niños con TDAH, especialmente aquellos que no reciben tratamiento, tienen un rendimiento menor a nivel académico y mayor riesgo de abandonar los estudios por fracaso escolar que sus compañeros de clase.
En la edad adulta, la falta de atención, los errores frecuentes, la impuntualidad, la mala gestión del tiempo, los posibles conflictos con los compañeros, etc., van a conllevar una repercusión a nivel relacional y laboral con riesgo de sufrir más cambios de trabajo que otras personas y mayor riesgo de ser despedidos, también van a aparecer dificultades para establecer lazos de confianza y para mantener parejas, con dificultades para controlar la ira, las emociones y para lograr una estabilidad rpersonal. En la edad adulta, el TDAH afecta más a la capacidad de regulación emocional interna, al déficit de atención y a la desorganización que en la etapa infantil. Además, según pasan los años la hiperactividad repercute menos en la conducta.